Ocho d√≠as sin ingl√©s: una inmersi√≥n profunda en el espa√Īol

Despu√©s de vivir en Espa√Īa durante un a√Īo, estaba impaciente por mejorar mis habilidades en el idioma espa√Īol . Llegu√© a un punto en el que podr√≠a manejar todas las transacciones b√°sicas de la vida, siempre que las respuestas a mis preguntas fueran breves y sencillas, pero mis ambiciones en Espa√Īa van m√°s all√° de lo b√°sico. Ten√≠a muchas ganas de profundizar en la vida aqu√≠, y eso significaba dominar el idioma.

Tenía muchas ganas de ahondar en la vida aquí.

A pesar de las lecciones privadas, las aplicaciones para tel√©fonos inteligentes y los intercambios de idiomas con espa√Īoles que aprenden ingl√©s, segu√≠ perdi√©ndome en las conversaciones r√°pidas entre mis amigos espa√Īoles. Anhelaba participar plenamente en discusiones sobre arte, pol√≠tica y corazones rotos.

Decid√≠ que era hora de hundirme o nadar, as√≠ que me inscrib√≠ en Pueblo Espa√Īol, un programa residencial de inmersi√≥n en espa√Īol de ocho d√≠as.

En un almuerzo de bienvenida para estudiantes en Madrid, conocimos a Beth, quien ser√≠a nuestra l√≠der y directora del programa durante la pr√≥xima semana. Beth es una alegre estadounidense de Minnesota que vive en Madrid y habla espa√Īol con fluidez. Aunque ense√Īa espa√Īol e ingl√©s, el programa Pueblo Espa√Īol no ofrece lecciones de gram√°tica ni sesiones en el aula. Nuestra semana estar√≠a llena de conversaciones, juegos, proyectos, presentaciones, recorridos, teatro amateur y deliciosas comidas gourmet.

Mis compa√Īeros de estudios incluyeron a Hilary, una bibliotecaria jubilada de Washington, DC; Jane, enfermera de Manchester, Reino Unido; Melvin, un jubilado que naci√≥ en Gran Breta√Īa pero ha vivido en Estados Unidos desde sus d√≠as universitarios; Patricia, profesora canadiense de inform√°tica a la que le encanta hacer el Camino de Santiago; Roy, un productor de cine y televisi√≥n brit√°nico retirado que est√° remodelando una casa en el sur de Espa√Īa; y Sal, que naci√≥ en Italia pero se cri√≥ en Nueva York y vivi√≥ en la regi√≥n vin√≠cola de California antes de retirarse a Barcelona .

Día uno

© iStock.com / holgs

Abordamos un autob√ļs en Madrid para un viaje de cuatro horas a un resort en el pueblo medieval de La Alberca, cerca de Salamanca. Adem√°s de mis compa√Īeros de estudios, los pasajeros incluyeron algunos de los voluntarios espa√Īoles que servir√≠an como compa√Īeros de conversaci√≥n, entrenadores y porristas durante la inmersi√≥n. El m√©todo Pueblo Espa√Īol combina un n√ļmero igual de estudiantes y voluntarios de habla hispana nativa para una comunicaci√≥n ininterrumpida. De hecho, nuestras primeras conversaciones uno a uno comenzaron en el autob√ļs.

Los voluntarios son seleccionados cuidadosamente por su diversidad de acentos, regi√≥n de origen, edad y g√©nero. Los nuestros eran profesionales bien educados y que hab√≠an viajado mucho, entre ellos Ana, psic√≥loga; Manuel, un pulcro profesor jubilado de Galicia (ese pedacito de Espa√Īa sobre Portugal ); Maite, enfermera; Emilio, ejecutivo de recursos humanos jubilado; y Jana, una joven dentista madrile√Īa. Despu√©s de aproximadamente una hora, el autob√ļs se detuvo en El Escorial para recoger a Pepe, un animado ilustrador de 87 a√Īos que demostrar√≠a ser el alma de nuestra fiesta.

Cuando llegamos, conocimos a los voluntarios restantes: Marixa, ejecutiva de marketing de Bilbao , e Isabel, de Zamora, que es administradora en el departamento de pr√©stamos del banco m√°s grande de Espa√Īa. Despu√©s de un almuerzo de bistec, sopa y ensalada (con vino), una siesta y un recorrido por el hotel y sus extensos terrenos, comenzaron los juegos. Beth hizo que fuera divertido aprender los nombres de los dem√°s, ejercitar nuestros recuerdos y usar el lenguaje corporal. Nos asegur√≥ que la frustraci√≥n es normal y nos inst√≥ a perseverar a pesar de ello. Todo esto fue en espa√Īol, por supuesto. Luch√© por juntar oraciones y no entend√≠ mucho de lo que dijeron.

Día dos

Después de un generoso desayuno buffet, el día comenzó con tres conversaciones uno a uno seguidas. Primero estaba Isabel, que hablaba despacio porque anteriormente había sido alumna de Pueblo Inglés, la inmersión en inglés de ocho días que ofrece la misma empresa. Ella entendió lo desafiante que puede ser la inmersión total.

Mi siguiente sesión fue con Jana, la joven dentista. Habló claramente y ofreció correcciones suaves. Finalmente, pasé una hora hablando con Pepe. Su discurso suave y rápido era más difícil de entender, pero sus historias sobre la construcción de una carrera y la crianza de una familia bajo la dictadura de Franco eran fascinantes.

Luego, Beth nos inform√≥ que cada estudiante dar√≠a una presentaci√≥n oral de cinco minutos en espa√Īol al final de la semana y ofreci√≥ pautas. La tarde estuvo llena de actividades grupales. Despu√©s de una parodia divertida, una presentaci√≥n sobre la reciente retrospectiva de Pepe y otra cena fabulosa, me dirig√≠ a la cama exhausto con el cerebro desbordado, sintiendo que no podr√≠a procesar m√°s informaci√≥n.

Día tres

© iStock.com / ancoay

Dormí bien por la noche y comencé el día con una actitud positiva. Decidí estresarme menos, escuchar y hacer preguntas. Si no entendía todo, estaba bien.

Beth nos llev√≥ a un recorrido matutino por La Alberca, el primer pueblo de Espa√Īa en ser declarado Patrimonio de la Humanidad. Estrechas calles adoquinadas serpentean entre antiguas casas de piedra y entramado de madera donde las flores brotan de los balcones de madera. Nuestro recorrido termin√≥ en la hist√≥rica catedral. Como era domingo, tuvimos la suerte de ver una procesi√≥n de los hombres del pueblo, con largas capas negras, siguiendo a un m√ļsico tocando tambor y flauta al mismo tiempo.

Me divertí mucho, olvidé mi frustración.

Seguimos a Beth por una calle estrecha y entramos en una humilde entrada de piedra. Entramos en una bodega fresca y oscura donde nos esperaban vino y delicias espa√Īolas. Bebimos y probamos quesos, embutidos y el codiciado jam√≥n de bellota local . Aprendimos el arte de cortar del hueso este cerdo de bellota salado. Me sorprend√≠ bebiendo vino de la bota, cantimplora de cuero, sin derramar ni una gota. Me divert√≠ mucho, olvid√© mi frustraci√≥n.

Mientras camin√°bamos de regreso a nuestras casitas despu√©s de la cena, Hilary dijo: ‚Äú¬Ņ Solamente tres d√≠as? (¬ŅS√≥lo tres d√≠as?) Me re√≠. Hab√≠amos empacado tanto en tres cortos d√≠as, parec√≠a como si hubi√©ramos estado inmersos durante un mes.

Día cuatro

Me despert√© sinti√©ndome abrumado y desanimado. Quer√≠a dejarlo. Hab√≠a aprendido lo suficiente para darme cuenta de la enormidad de lo que no sab√≠a sobre espa√Īol. A los 71 a√Īos, consider√© la posibilidad de que mi cerebro fuera incapaz de aprender un nuevo idioma, pero el consejo de Beth hizo eco en mi memoria. ¬°Persistir√≠a!

Despu√©s de mucho caf√© y una tortilla preparada al momento, trabaj√© en mi presentaci√≥n en sesiones individuales con Ana e Isabel. Su apoyo compasivo me dio el valor, no solo para continuar, sino para abordar la temida ¬ęconversaci√≥n telef√≥nica¬Ľ.

Emilio fue mi socio y entrenador. Acordamos un juego de roles. Ser√≠a due√Īo de una librer√≠a, y yo llamar√≠a para buscar publicaciones sobre el autor sudamericano Gabriel Garc√≠a M√°rquez. Me tragu√© el terror y llam√© de mi habitaci√≥n a su habitaci√≥n. Respondi√≥ alegremente y trat√≥ de ayudar. Sent√≠ que lo hice bastante bien, aunque estaba seguro de que no entend√≠a todo. En los comentarios posteriores, me di cuenta de que, de hecho, hab√≠a entendido cada palabra.

Más tarde Beth me dijo que Emilio había felicitado mi habilidad para hablar. Aparentemente, estaba hablando y comprendiendo mejor de lo que pensaba.

Más tarde ese día, me uní a una teleconferencia. Marixa interpretó a la editora de una guía de viajes. Jane, Sal y yo intentamos que incluyera nuestras ciudades en su publicación. Entendí todas sus preguntas y pude responder. Después, Marixa y Beth me felicitaron. Estos éxitos me levantaron el ánimo.

Esa noche, las brujas hicieron una visita y yo fui una de ellas. Beth conjur√≥ el antiguo ritual gallego de la queimada . Verti√≥ un poco de agua de fuego espa√Īola en un caldero con az√ļcar, c√°scara de lim√≥n, granos de caf√© y canela. Ella prendi√≥ fuego a la mezcla. Mientras el brebaje ard√≠a con llamas azules, tres brujas risue√Īas (interpretadas por Ana, Manuel y yo) entraron sigilosamente en la habitaci√≥n y hablaron encantamientos para desterrar el mal de nuestras vidas. Cuando las llamas se extinguieron, todos bebieron la poci√≥n, declarando que quemar√≠a toda nuestra frustraci√≥n y des√°nimo. Me retir√© a mi habitaci√≥n sinti√©ndome fabulosa.

Día cinco

© iStock.com / bluejayphoto

Me despert√© sinti√©ndome empoderado. Despu√©s de una ma√Īana de trabajar en nuestras presentaciones en sesiones individuales, pasamos la tarde escuchando a un atractivo gu√≠a tur√≠stico de habla hispana mientras recorr√≠amos la venerable ciudad de Salamanca, hogar de una de las universidades m√°s antiguas de Europa. Nos maravillamos con la espectacular Plaza Mayor y cenamos en un restaurante local.

Sexto día

Me relaj√© en la aventura. Aunque todav√≠a estaba traduciendo mentalmente y cometiendo muchos errores, disfrut√© el proceso. Por la ma√Īana, practiqu√© mi presentaci√≥n en conversaciones uno a uno. Luego obtuvimos una mirada fascinante a la vida rural en la vieja Espa√Īa visitando una casa tradicional convertida en museo. Despu√©s del almuerzo en un restaurante r√ļstico, la tarde estuvo llena de juegos, conversaci√≥n personal y discusi√≥n grupal.

Séptimo día

© iStock.com / Morsa Images

Despu√©s de un √ļltimo uno a uno, dimos nuestras presentaciones. Todos los estudiantes se desempe√Īaron admirablemente y respondieron bien las preguntas. Nuestra audiencia de voluntarios aplaudi√≥ con fuerza. A la hora del almuerzo, aturdido por el alivio y la satisfacci√≥n de haber superado el desaf√≠o, me serv√≠ una copa de vino especialmente generosa.

Esa tarde, Beth asign√≥ a un peque√Īo grupo de estudiantes y voluntarios (incluy√©ndome a m√≠) para crear un sketch que resuma los eventos de nuestra semana‚Ķ y representarlo para los dem√°s esa noche. La presi√≥n estaba en aumento. Todos fueron creativos y divertidos. ¬°Fue un gran √©xito!

Nuestras risas continuaron hasta la noche mientras brindamos en un banquete medieval y luego nos aplazamos a una fiesta de celebraci√≥n en el bar. A pesar de que nuestro equipaje ten√≠a que estar en el vest√≠bulo a las nueve de la ma√Īana siguiente, bailamos, bebimos y charlamos en espa√Īol hasta bien pasadas las 2 a. M.

Día ocho

La ma√Īana estuvo llena de una ceremonia de clausura sentida y a veces llena de l√°grimas. Despu√©s de nuestro √ļltimo almuerzo, nos despedimos y prometimos mantenernos en contacto mientras abordamos el autob√ļs hacia Madrid.

Inmediatamente despu√©s de la inmersi√≥n, sent√≠ que mi cerebro estaba sobrecargado. Pero en un par de semanas, me di cuenta de que mi espa√Īol definitivamente era mucho mejor. Mi confianza para hablar hab√≠a aumentado enormemente. ¬ŅHablo espa√Īol con fluidez ahora? No, y me doy cuenta de que necesitar√© un par de a√Īos m√°s para alcanzar ese objetivo. Pero ese no es el punto.

El punto es que tuve el coraje de asumir y lograr un desaf√≠o formidable que le dio a mi cerebro envejecido un entrenamiento incre√≠ble. Hice nuevos amigos de mi pa√≠s de adopci√≥n y de otros pa√≠ses. A trav√©s de fronteras, g√©neros y generaciones, re√≠mos, lloramos y nos apoyamos mutuamente mientras trabaj√°bamos hacia un objetivo com√ļn. Juntos, creamos una comunidad y una semana de paz en la tierra en un peque√Īo rinc√≥n del mundo. Y eso es mucho.